domingo, 21 de febrero de 2010

La habitación cerrada

En la década de los años veinte del pasado siglo, surgió con fuerza la novela problema o novela enigma dentro del género policíaco. Un tipo de novela que cultivaron preferentemente los escritores anglosajones en aquellos dorados años, época mítica y feliz para la sociedad burguesa que se encantaba con estos distraidos e inofensivos juegos enigmáticos. Para estos narradores lo importante era el juego limpio e incluso S.S. Van Dine (seudónimo del distinguido filólogo William Huntington) llegó a exponer las veinte reglas fundamentales que toda novela policial debía cumplir. En ellas se hace clara referencia a que lector y detective deben estar en igualdad de condiciones, el autor no debe ocultar nada y, por supuesto, no ofrecer soluciones inverosímiles en la resolución de los casos. Una de las temáticas que más abundaron en este tipo de obras es la llamada de la habitación cerrada, donde un crimen se cometía en un cuarto aparentemente impenetrable; con las reglas del juego limpio se pretendía que el lector intentara resolver el caso antes de que el detective, policía o ingenioso personaje desenrollara la madeja. Desde los desenlaces más ingeniosos a los más absurdos, se ha buscado la solución final a este problema tan querido -y explotado- por la novela criminal. Traigo aquí dos de los máximos exponentes de la habitación cerrada y un pequeño y sorprendente relato que parece solucionar y finiquitar el tema.
La primera historia es la novela El misterio del cuarto amarillo de Gaston Leroux, autor conocido por la celebérrima El fantasma de la ópera. Esta narración inaugura el enigma de la habitación cerrada y además lo resuelve de forma harto ingeniosa. Hay quien se pregunta cómo una historia tan corta puede dar para una novela, pues seguramente se podría acomodar perfectamente en el relato, pero una vez leída nos damos cuenta de que la forma de trabajo del periodista Rouletabille -personaje al que dedicó ocho novelas, pero ninguna a la altura de este clásico-, necesita su tiempo pues evita las evidencias y trabaja con indicios externos que le llevan hacia el misterio del cuarto cerrado. Rouletabille lo explica así: "la razón tiene dos lados: el bueno y el malo. No hay más que uno -el bueno- sobre el que poder apoyarse con solidez. Se lo reconoce en que, hagas lo que hagas, digas lo que digas, nada puede hacer que ese lado se resquebraje".
El autor que más incidió sobre el misterio de la habitación cerrada fue el norteamericano John Dickson Carr. De hecho fue un escritor que siguió cultivando la novela problema, aún cuando ésta ya se daba por acabada con la entrada de los dos grandes maestros del género negro, los norteamericanos Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Dickson Carr fue un gran creador de atmósferas y tramador de crímenes imposibles; lo traigo aquí a través de un relato corto firmado a cuatro manos con Adrian Conan Doyle, hijo del célebre autor, donde se encargan de resucitar nuevas historias de Sherlock Holmes. La historia, titulada La aventura de la habitación cerrada, recrea con precisión las maneras del personaje, aunque se echa en falta la esencia que hacía tan especial al Holmes original. La resolución es típicamente holmesiana, es decir, el detective acudiendo al lugar del crimen para esperar que el criminal caiga en su trampa. El misterio se resuelve descifrando con solvencia las pistas marcadas.
Pero la sorpresa nos llega con el relato Punto muerto, firmado por Barry Perowne. Borges, Bioy Casares y Ocampo lo recogen en su célebre antología y en la pequeña reseña biográfica que anteponen a cada cuento escriben: "Ninguna información relativa a este autor hemos logrado. Lo sabemos contemporáneo; lo sospechamos inglés". Este misterioso apunte, junto a la consabida afición de los dos primeros por la novela policial -llegando a firmar ambos algunos cuentos con el seudónimo de H. Bustos Domecq-, hicieron que mucha gente sospechara que el autor no era más que otra de sus originales creaciones. Investigando un poco, descubrí que Barry Perowne era el seudónimo del escritor inglés Philip Atkey, autor que publicó básicamente en revistas sus cuentos policiales. También se le debe a él la continuación del personaje de A.J. Raffles, ladrón creado por E.W. Hornung, quien fuera cuñado de Arthur Conan Doyle.
Punto muerto (The blind spot) aparecido en 1945 en la revista Ellery Queen's Mistery Magazine es la historia de un autor dramático que ha encontrado por fin la solución perfecta al problema de la habitación cerrada. Como buen relato policial contiene las dosis idóneas de diálogo, acompañado por precisas descripciones y un clímax final extraordinario que supone la perfecta resolución al problema. El hombre frente a su dramático destino en un golpe maestro.

18 comentarios:

  1. Esta vez no quiero llegar con retraso.
    Desde que leí en la editorial Edhasa, "Punto muerto", he creído que estaba escrito por Borges. Esa forma de pesadilla que tiene el relato, ese desenlace y esa introducción tan misteriosa desprovista de información sobre el autor me habían inducido a error.
    Los que te lean y no sean aficionados a esta literatura: cuentos fantásticos, policíacos, relatos de fantasmas(M.R. James) terminarán por se fanáticos del genero. Un abrazo y gracias.

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  2. Tu siempres llegas oportunamente. Ciertamente los relatos que Borges seleccionaba le eran tan afines que cualquiera podía pensar que eran suyos (en todo caso seguro que le hubiera gustado escribirlos). Es otro caso de buena historia con desenlace sorprendente. Pienso que estoy trayendo muchas historias enlazadas por vidas marcadas o abocadas a un destino cruel (tendré que reflexionar sobre el tema, pero son los cuentos que más me han sorprendido).
    Este tipo de literatura fantástica, me atrae porque permite que navegue mi mente por caminos paralelos a la realidad y si alguién se atreve a acompañarme la dicha es doblemente gratificante. No dudes que M.R. James paseará sus espectros por aquí.
    Un abrazo para tí y saludos de mi encantadora.

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  3. Carlos, mereces el título: maestro dél género. ¡Qué bárbaro! La de títulos de autores que no he leído.
    Para no perder la costumbre, despiertas mi curiosidad.
    Sigue así. Eres una mina.
    Abrazos fuertes.

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  4. Estoy seguro que tu generosa modestia no saca a relucir todo lo que sabes sobre estos y otros géneros, pues de tus comentarios se desprende mucha sabiduría. De todas maneras se agradecen tus motivadores piropos. Tu foto aparece en todos los buenos lugares que visito y eso es sinónimo de calidad para el lugar. Pero además me alegra veros la cara a los dos murcianicos, pues supone un reencuentro con la tierra de mi padre y eso también llena. Besicos.

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  5. Cada entrada tuya me cuesta al menos una semana dedicado a seguirle la pista a autores que desconocía. ¡Pero que tiempo tan bien invertido! Creo que ésta me va a costar seis. Estoy con Thornton: inevitable no convertirse en fanático del género después de leerte.
    Un abrazo.

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  6. A mí es la parte que más me gusta de todo esto, la investigación sobre lo leído. Para mí también es todo un reto acertar en las recomendaciones, pues hay literatura que no atrae a todo el mundo pero supongo que contada con pasión ayuda. Me sorprende mucho que con vosotros haya tanta afinidad. Un abrazo para ti.

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  7. Carlos, a esta entrada le falta una primera y una tercera parte con las que supongo que algún día nos obsequiarás. La primera para los creadores del género Poe y Collins, los grandes. La tercera para que una vez más te vengas por aquí y que de la escuela americana saltes a "La jungla del asfalto" y a esos detectives un poco más capullos que los ingleses.
    Te imaginas lo bien que se lo hubieran pasado todos estos detectives con el descubrimiento del ADN.
    Ya estoy esperando tu próxima entrada.

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  8. Pues si, pero es que Poe y Collins merecen distinción aparte. Y los duros detectives, policias corruptos y hampones hay que ir interrogándolos poco a poco porque son duros de pelar.
    Ciertamente los métodos CSI modernos son una variante de las pistas que proponían estos novelistas, o sea que a la gente le sigue atrayendo el juego. Gracias por la espera.

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  9. Sí que eres una mina, sí... Yo tengo la esperanza de que continues por los caminos de lo negro y ofrezcas una continuación es este artículo.

    Tras años de desprecio absoluto por la novela de misterio en general (no la negra americana, que esa se me hizo pesada muchas veces) ahora me vuelvo a entretener a veces con ella. Probablemente he descubiero o redescubierto que la verdadera misión de la literatura es el entretenimiento y el cuestionamiento, y la provocación. Y a veces un cuestionamiento basado no en la falacia estética sino en el problema-juego de tipo intelectual es tan lícito como cualquier otro tipo de planteamiento. Le he seguido los pasos a Borges, que seguramente es el autor con el que más me he mosqueado, porque uno le sigue hasta donde puede. También a Bioy y a Ocampo, pero queda mucho trecho por recorrer. Trecho que tú me facilitas, o al menos das indicaciones certeras. Un abrazo.

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  10. Todo se andará pero no hay que abusar. Al menos saber que estáis en ello me animará.
    Lo que me gusta de este tipo de novela, es el juego en sí. No tiene pretensión de perdurabilidad y eso es lo que provoca que mucha gente descanse en ellas tantas veces. Cuantos nos dedicamos al crucigrama, a los libros de enigmas, a problemas de lógica, al doctor House o a CSI como pasatiempo porque nuestra mente se activa. Si además son historias bien escritas mucho mejor.
    Yo quedo rendido al Borges fantástico, pero también al lector generoso que nos aporta tan buenos descubrimientos. Ya sabéis que le sigo mucho los pasos, aunque procuro limpiar el camino de la paja que también nos cuela. Un abrazo para un comentarista tan lúcido.

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  11. Para ti también. Nos vemos pronto.

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  12. Hola Carlos, antes que nada quiero felicitarte (una vez más) por tu entrada. Cada una de ellas, me enriquece. Siempre descubro algo nuevo.
    Y qué casualidad que hables de este autor, porque el otro día compré el libro de Gaston Leroux titulado El sillón maldito, es de la editorial El olivo azul, editorial que creo es magnífica, al menos ninguno de los libros que tengo de ella me ha decepcionado.
    Un abrazo

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  13. Agradecerte a ti tus comentarios que también aportan. El libro que dices lo desconozco y de la editorial no tengo referencias. Consultaré para ver que tienen. Por cierto ¿que te llevó a comprar ese libro de Leroux? Un abrazo

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  14. Estoy en lo cierto o el problema Punto muerto no se resuelve. Dice el autor que lo recuerda, pero no el qué.
    !Qué decepción de relato!

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  15. Creo que se debe mirar un poco más allá. Se resuelve pero no se explica y es que no todo debe tener explicación (muchas veces las explicaciones resolutivas son más decepcionantes que otra cosa). Lo importante es que esa resolución es el punto de inicio para una historia.

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