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domingo, 2 de mayo de 2010

Una historia en femenino del cine italiano


Es posible que los guiones sean una de las nuevas formas narrativas nacidas del siglo XX o al menos se puede decir que el séptimo arte engloba a otros muchos y que la escritura del guión se entiende como uno de los principales elementos de aquel. Siempre me ha parecido evidente que una buena historia puede dar pie a una buena película, pero también sabemos que buenos guiones han producido mediocres películas y es que la escritura cinematográfica está ligada a otros factores de los cuales depende para no pasar inadvertida. Los norteamericanos siempre tuvieron muy claro lo importante que podía ser un guión y en sus grandes Estudios crearon auténticos departamentos especializados en la escritura de guiones, existiendo guionistas de drama, tragedia, histórico e incluso especialistas en gags y otros muchos detalles.
Una de las cinematografías más atractivas durante la segunda mitad del siglo XX fue la italiana, que nos ha dado directores, actores y películas imperecederas. Pero si hablamos de guión y cine italiano hay un nombre fundamental que abarca todo ese período y que está presente en más de un centenar de películas. Se trata de Suso Cecchi D'Amico, la guionista más importante del país transalpino; una casi centenaria escritora todavía en activo y auténtica historia viva del cine italiano. La lista de sus guiones escritos siempre en colaboración es abrumadora; por citar unos pocos podría mencionar Ladrón de bicicletas, Milagro en Milán, Rufufú, Salvatore Giuliano, La fierecilla domada, Ojos negros.
Por otro lado, hablar de su trabajo en colaboración con los directores supone abarcar todo el cine italiano, pues estuvo con De Sica, Francesco Rosi, Antonioni, Renato Castellani, Zeffirelli, Mario Camerini, Luigi Comencini, Mauro Bolognini o Mario Monicelli. Pero sobre todos, existe un nombre al que va indisociablemente unida, se trata de Luchino Visconti con el que coescribió casi todas sus películas.
La vida de Suso Cecchi es la de una persona vinculada a la cultura de un país. Su padre, Emilio Cecchi, fue escritor y crítico literario y su madre una notable pintora, y la casa de éstos era lugar de encuentro habitual de intelectuales y artistas de la época. Más adelante se casaría con Fedele D'Amico, un brillante musicólogo hijo del fundador de la Academia di Arte Dramática di Roma y entre sus íntimos amigos se encontraban Nino Rota y Luchino Visconti, con quienes compartía su pasión musical y literaria. Queda claro que el ambiente donde se movía Suso Cecchi era proclive para generar una escritora de gran calidad, aunque ella siempre supo mantenerse en un discreto segundo plano gracias a su naturalidad y modestia.
Suso Cecchi D'Amico ha contado en algunas entrevistas la nostalgia que siente por aquel tiempo desaparecido, donde la camaradería hizo resurgir un cine que se había hundido tras el desastre de la guerra. De hecho siempre le pareció que el Neorrealismo italiano fue un invento crítico, pues ellos sólo eran un grupo de amigos con ganas de hacer cine que no tenían dinero para financiar películas y que por eso salían a la calle a filmar y buscaban actores no profesionales. Esa amistad produjo anecdóticas historias como en Ladrón de bicicletas, una pequeña historia sobre una bicicleta robada que sirvió para realizar un retrato de la ciudad de Roma en aquel momento. En la película estaban acreditados hasta ocho guionistas porque para ellos no era importante aparecer en los créditos, sino realizar la película y Suso nos cuenta que uno de ellos ya estaba muerto cuando se empezó a realizar la película, pero era un amigo de De Sica que había querido trabajar con él y como una especie de tributo lo incluyó en los créditos como guionista. A veces se ponía el nombre de algún escritor porque era amigo y no tenía dinero y así podía cobrar una parte -caso de Fellini como coautor de guiones que nunca llegó a ver-.
Suso Cecchi siempre ha comentado las estrechas colaboraciones que se establecían entre director y guionista y que permitían una mayor implicación en los proyectos. En el caso de Visconti formaron un auténtico tándem creativo que se entendía a la perfección sin necesidad de hablar, pero además eran verdaderos amigos que se escribían cartas donde hablaban de literatura o música con gran pasión o se entretenían en agradables veladas de juegos musicales junto a Fedele D'Amico y Nino Rota, amigo que prácticamente vivía en su casa.
Un cine que nunca buscó la comercialidad ni el beneficio, sino la calidad; fue donde Suso Cecchi creo sus comedias y dramas -nadie como ella para enlazar ambas-, influida por los maestros rusos a los que admiraba: Tolstoi, Dostoievski o Chejov. Consciente que la escritura de un guión es un oficio que forma parte del gran proyecto que es la película y que un guionista debe escribir con los ojos a diferencia del escritor que busca las palabras para describir, nunca ha entendido la comparación entre estos diferentes mundos expresivos, pero admite que la literatura actual ha sido muy influenciada por el lenguaje cinematográfico. Aunque con escritoras como Suso Cecchi D'Amico, las influencias siempre son positivas.
Os dejo un vídeo con algunas de sus películas al ritmo del bellísimo Valzer del Commiato de su amigo Nino Rota para la película Il Gatopardo y que está interpretado para la ocasión por la Filarmónica della Scala conducida por Riccardo Muti. Disfrutad.

lunes, 5 de abril de 2010

El cine de Nino Rota


De entrada he de confesar mi admiración por la obra musical de Nino Rota, al que considero uno de los compositores más notables del siglo XX. El causante de que fijara mis oídos en este músico ha sido José María Latorre, la persona que más y mejor ha escrito sobre Rota en este país, quien a través de su imprescindible obra Nino Rota, la imagen de la música, nos acerca en profundidad a la vida y especialmente a la obra del compositor de memorables bandas sonoras para el cine, pero también de una obra clásica destacadísima -óperas, conciertos, sinfonías, música sacra, cantatas, etc-. De hecho, esta división de su obra, que nunca fue deseada por el compositor, hace que mucha gente desconozca sus piezas más serias y otros no den valor a su música cinematográfica por ser demasiado popular. La injusticia de las etiquetas se cebó especialmente en Rota que siempre fue castigado por realizar una música fuera de su tiempo, no acorde con la atonalidad imperante de las vanguardias, demasiado agradable para la escucha por sus ricas melodías, algo indignante para una parte de la crítica.
Pero traigo a Nino Rota aquí por sus excepcionales composiciones cinematográficas que forman parte ya de nuestro acervo cultural. Rota compuso música para películas con tanta rigurosidad como cuando componía obras más serias, porque no creía en las diferencias de rango y niveles en la música, llegando a afirmar que "ya sea música para cine u otra música, yo pongo siempre el mismo empeño. Sólo es distinto el territorio técnico en que me muevo".
Es probable que el Rota más reconocido sea el de músico de Fellini, pues formaron un tandem indisociable. Se hace difícil pensar en otro músico que fuera capaz de poner notas en los surrealistas sueños de Fellini y esa es una de las características que hace de Rota un músico cinematográfico irrepetible, pues era una constante la búsqueda de una música que se adaptara a las imágenes, que no fuera mero acompañamiento sino que permitiera recordar. Sus festivas marchas circenses, sus evocadoras melodías, sus jazzísticos comentarios o sus disonantes distorsiones son parte de ese mundo tan querido de Fellini. Dentro de este binomio encontramos piezas muy populares como La strada, Amarcord, La dolce vita o Fellini ocho y medio, pero creo que una de las obras más fascinantes del cine de Fellini y la obra maestra absoluta de Rota en su cine es Casanova, una composición atípica, original y muy misteriosa. Las primeras imágenes con la gran cabeza surgiendo del canal al compás de O Venezia, Venaga, Venusia son memorables; pero la música de la película es un continuo de sorprendentes y nada comunes creaciones de gran inventiva, donde destaca la bellísima melodía de Pin Penin que canta la Buranella como una especie de nana nostálgica.
De sus trabajos con Visconti, destaca su música de carácter más sinfónico para El Gatopardo. De hecho la música pertenece a la hasta entonces inacabada Sinfonía sopra una canzone d'amore que Visconti aceptó entusiasmado pues se adaptaba como un guante al decadente ambiente que creaba el director. Sigue siendo muy placentero escuchar el lírico y melodioso tema de amor de Tancredo y Angélica, junto a los valses, mazurcas, polkas y otros que Rota compuso para la soberbia parte final.
Personalmente, siento un especial aprecio por las obras que compuso para las adaptaciones shakesperianas que hizo Franco Zeffirelli, quizás dos de las más logradas que se han realizado. La fierecilla domada comienza con un caudal insuperable de música durante su primer cuarto de hora, sucediéndose una melódica obertura para la llegada a la ciudad de Padua, diversas danzas (pavana, pasacalle, madrigal..) que acompañan el ambiente festivo callejero y hasta el salmo que cantan los estudiantes para la apertura del año universitario; muy sugerentes para una comedia de Shakespeare. La segunda obra es Romeo y Julieta, la inmortal obra llevada al cine como nunca que necesitaba una música evocadora del tiempo en el que se desarrollaba. Rota nos obsequió con deliciosas danzas, coros o un bello Ave María a la manera renacentista y además compuso el hermoso tema de amor que presentaba de diversas formas, fundiéndolo con los temas de Romeo y de Julieta. La inspiradísima melodía de Rota necesita ser escuchada en su formato original, porque fuera se vulgariza y desvirtúa totalmente.
Aunque quizás la más popular de sus colaboraciones sea la realizada para las dos primeras partes de El Padrino, con el celebérrimo tema de amor. La historia que rehace los dramas de Shakespeare en el hostil ambiente mafioso se vehicula sobre el poder y los asesinatos que éste requiere, siempre bajo la cadencia de un magnífico vals que se convierte en el leit motiv de la tragedia, una idea que Rota no dudaba en reconocersela a Coppola: "Coppola me dio la idea de subrayar con un vals la cadena de delitos. El movimiento circular del vals es tan circular como esa propia cadena de delitos: un círculo cerrado, algo que vuelve, se reproduce y no acaba nunca. Y, de hecho, cada vez que hay un tiroteo, un muerto o un herido, se escucha el tema del vals".
Para acabar, pienso que, con Bernard Herrmann, Nino Rota es el compositor más cinematográfico, el que mejor supo entender las imágenes de una película adaptándose a la servidumbre del cinematógrafo y es por eso y por el placer de compartirlo que lo traigo aquí. Dejo algunas de sus maravillosas piezas: el tema de amor de Romeo y Julieta en su versión cantada, la bellísima Pin Penin de Casanova cantada por la Buranella, el sinfónico tema de amor para El gatopardo y una selección de algunas películas que llevan su música al ritmo del vals de El padrino. Disfrutad.