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domingo, 16 de mayo de 2010

Un cine de sugerencias


Jacques Tourneur fue un director francés de nacimiento que realizó casi toda su obra en Estados Unidos. Es probable que su nombre haya pasado desapercibido para muchas generaciones y aún hoy necesita un reconocimiento de urgencia porque su injusto olvido no hace desmerecer una obra llena de tantas luces que hasta sorprende que no tenga mayor consideración. Quizás la losa del mal llamado artesano que trabaja en pequeños estudios ha podido más que sus sabios métodos creativos, pero a tenor de las obras maestras que nos ha legado en varios géneros, uno se cuestiona si no nos encontramos ante un verdadero creador de mundos que supo acercar el cine a su forma de hacer, a sus planteamientos. Tourneur realizó algunos meritorios westerns como Tierra generosa o Wichita, algunos clásicos del cine negro de serie B como Nightfall y la que considero pieza cumbre e insuperable del género, la soberbia Retorno al pasado. También dio muestras de su sabia manera de hacer en el cine de aventuras con la dinámica El halcón y la flecha o con la oscura La mujer pirata, pero sobre todo se le reconoce como un maestro del cine fantástico donde nos entregó al menos tres títulos memorables: La mujer pantera, Yo anduve con un zombie y La noche del demonio.

Es quizás la menos conocida de sus cumbres fantásticas la más destacada para mí. Me refiero a La noche del demonio, película que parte del relato El maleficio de las runas del gran creador de fantasmas Montague Rhode James. La historia nos habla sobre el escepticismo científico enfrentado a las atávicas creencias en lo sobrenatural que han perdurado durante siglos, como demuestra esa imagen de un protagonista que duda de sus firmes convicciones científicas al leer un misterioso mensaje escrito en caracteres rúnicos en un escenario tan indescifrable como las ruinas de Stonehege.
Jacques Tourneur, que siempre tuvo muy claro que en el fantástico el poder de la sugerencia era básico y por tanto siempre fue partidario de no mostrar sino sugerir, se enfrentó aquí a los productores que acabaron por imponer una figura demoníaca real. Después de crear una película de atmósfera inquietante, con sabios contrastes lumínicos, con amenazadores sonidos, llena de oscuridad y de palabras que nunca crean certeza, los productores introdujeron un demonio al principio y final de la película con lo que el poder de la sugerencia se desvanecía un poco, pero afortunadamente conservaba gran parte de su fuerza. Si obviamos esta injerencia, percibimos la obra de Tourneur como una de las mejores aproximaciones realizadas al tema demoníaco y de las creencias sobrenaturales; una historia con un final abierto y lleno de incertidumbre donde el protagonista, un psicólogo americano interpretado con maestra sobriedad por Dana Andrews, acaba abandonando su inicial escepticismo y afirmando sobre lo ocurrido que "tal vez sea mejor no saberlo". De hecho, la película propone a través de imágenes y palabras, un viaje a la duda, al cuestionamiento de todo, a la sabia introducción de lo inexplicable en el seno de la normalidad como mandan los cánones del fantástico. Las creencias son a veces más poderosas porque están enraizadas y es por esto que un periodista le espeta al protagonista, quien ha venido a investigar desde la ciencia sobre hechos sobrenaturales, que "sea amable con nuestros fantasmas, los ingleses estamos muy orgullosos de ellos".