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lunes, 3 de octubre de 2011

Retorno a las tinieblas

 La Europa del desarrollo y el progreso de finales del siglo XIX sostuvo su fuerza económica gracias al avance del modelo colonialista, claro que este sistema de imperialismo colonial supuso para el extenso territorio africano un retroceso incuestionable que todavía se perpetúa, al sustituir el sistema esclavista por una civilizada explotación de recursos humanos y materiales. Pero si hemos de contabilizar el drama soportado por los habitantes indígenas de dicho continente, ninguno parece comparable al trágico destino padecido por la maltrecha población del Congo Belga, ya que, bajo el mandato del supuesto filántropo y benefactor Leopoldo II de Bélgica, se perpetró uno de los genocidios más execrables y desconocidos de la humanidad. 
Ahora, gracias a la encomiable labor de Ediciones del Viento, se han recuperado por primera vez en español cuatro documentos básicos que atestiguan esta sobrecogedora historia. Recogidos bajo el título de La tragedia del Congo, encontramos la carta dirigida al rey belga redactada por el pastor norteamericano de raza negra George Washington Williams, uno de los primeros en denunciar el drama que se estaba gestando en esa colonia de propiedad particular. También descubrimos el documento completo que elaboró el cónsul británico Roger Casement en 1903 durante su viaje por la zona, un testimonio estremecedor que al mantener un tono oficial y descriptivo refuerza su dureza. Este informe se convirtió en un verdadero acicate contra la política  de explotación  infrahumana que había tejido el soberbio rey belga y consiguió despertar al resto de naciones  que se mantenían inoperantes. El tercer escrito, narrado por Arthur Conan Doyle en 1909, se nutre de los anteriores y de algunos relatos verdaderamente escabrosos para convertirse en la narración histórica de todo lo acontecido en el Congo y en una denuncia firme y contundente de la situación. Por último, tenemos el panfleto de Mark Twain titulado El soliloquio del rey Leopoldo, un escrito donde el genial autor muestra con toda su carga irónica la arrogancia y egolatría del monarca.
La historia de explotación indiscriminada y brutal exterminio de la población congoleña ha sido silenciada  largamente. Los numerosos testimonios  de misioneros, la encomiable labor de la Asociación para la Reforma del Congo que encabezó Casement y los numerosos documentos gráficos consiguieron que las naciones que habían otorgado un poder casi ilimitado al rey belga y su maraña de empresas tomaran cartas en el asunto, aunque el mal ya estaba hecho y la repercusión futura era innegable. El sistema organizativo perpetrado a conciencia por Leopoldo II para explotar un territorio tan amplio con la intención de recoger caucho y otras materias estaba basado en la más indiscriminada violencia: población obligada a trabajar para el Estado en penosas condiciones, destrucción de poblados enteros, miles de amputaciones, asesinatos y raptos, consentimiento del canibalismo entre las tropas de salvajes asesinos indígenas. Quedaba claro que la civilización había traído su porción de barbarie.
Pero además, todo este mundo fue el origen de una de las narraciones maestras del siglo XX: El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El autor vivió su propio descenso a las tinieblas del alma humana cuando en 1890 se embarcó como marino a sueldo de la Sociedad para el Comercio del Alto Congo. Las experiencias de Conrad en aquel país durante unos meses se convertirían en el material que daría origen a su celebérrima obra, ya que muchos de sus episodios son una traslación directa de sus vivencias en el Congo y el capitán Marlow un alter ego del escritor. Lo más curioso es que durante su estancia, Conrad conoció y trabajó con Roger Casement que por entonces estaba a sueldo de la Compagnie du Chemin de Fer du Congo y que se convertiría en la única experiencia positiva que el autor extrajo de su aventura africana.
De su breve paso por el Congo dejó constancia literaria en dos obras. Un breve cuento titulado Una avanzadilla del progreso, donde se relata el proceso de desquiciamiento mental  al que llegan dos agentes comerciales enviados a un remoto rincón del Congo; un tema que enlaza directo con aquellas palabras que el doctor encargado de la revisión médica de Marlow le dirige a éste, para recordarle que lo más importante de su tarea es estudiar los cambios que se producen en el interior de las personas enviadas a aquellas latitudes. Pero sin lugar a dudas, el texto fundamental que recoge esta experiencia es El corazón de las tinieblas, que pudiera pasar por un alegato anticolonialista, pero que se erige fundamentalmente en una exploración de la vulnerabilidad del alma humana. El horror que Conrad entrevió se transmuta en la novela que “trasciende la circunstancia histórica y social para convertirse en una exploración de las raíces de lo humano, esas catacumbas del ser donde anida una vocación de irracionalidad destructiva que el progreso y la civilización consiguen atenuar pero nunca erradican del todo. Pocas historias han logrado expresar de manera tan sintética y subyugante como ésta, el mal entendido en sus connotaciones metafísicas individuales y en sus proyecciones sociales” en palabras de Vargas Llosa, quien precisamente dedica su última obra, El sueño del celta, a glosar la figura de Roger Casement.
El supuesto proceso civilizador europeo en África se convierte en una historia de barbarie y mentira en esta obra. La búsqueda de Kurtz es un viaje directo al horror y una introspección del alma a través de las vivencias y sensaciones que transmite el capitán Marlow. Una obra narrada en formato de aventuras que por su hondura se escapa de las interpretaciones herméticas.

domingo, 28 de marzo de 2010

Mark Twain: Ingenio y literatura

Durante algunos períodos de su vida, Mark Twain se dedicó a recorrer los estados de norteamérica como conferenciante. En grandes teatros abarrotados desgranaba sus particulares historias, en un remedo del monologuista-humorista actual. Después de probar sus textos en pequeñas poblaciones, de manera que pudiera ir puliéndolos, se acercaba a las grandes ciudades donde el triunfo solía ser absoluto. Twain supo distinguir a tiempo entre lectura y dramatización porque "las cosas escritas no son para decirlas en voz alta; su forma es literaria; son rígidas, inflexibles y no se prestan a un resultado feliz y efectivo al emplear la lengua hablada, donde su propósito es meramente entretener, no instruir". Convirtió algunos de sus escritos en auténticos monólogos con finales improvisados y con humor, con mucho humor, porque Twain siempre se reconoció en el papel de humorista e incluso incorporó la técnica de la "cara de plato", según la cual decía lo que le venía en gana pero con una inalterable expresividad facial, provocando reacciones de lo más sorprendente en sus oyentes.
Jose Antonio Marina dice en Elogio y refutación del ingenio que "El ingenio es la rebelión de la inteligencia, que quiere dejar de ser seria, para huir de sus multiplicadas servidumbres". El ingenio es juego constante y en la literatura es jugar con el lenguaje y las palabras, crear frases que luchan contra la esclavitud de la lógica y el sentido común. Twain fue un gran jugador de eternas frases ingeniosas, de palabras reunidas bajo el epígrafe del humorismo, puesto que para él, "humorismo es el aspecto jovial de la verdad".
Mark Twain habla de su nacimiento, riéndose de las estadísticas y de sí mismo cuando dice: "El pueblo se componía de un centenar de personas y yo aumenté la población en un uno por ciento. Es mucho más de lo que el hombre mejor de la historia podía haber hecho por un pueblo". Ahí está la fuerza del ingenioso autor, la brevedad y la rotundidad de una frase que explica un hecho común de una forma divertida. En el almanaque de Cabezahueca Wilson nos deja otra de sus frases lapidarias llenas de festivo humor: "Adán era hombre, esto lo explica todo. No deseó la manzana por la manzana en sí, sino porque estaba prohibida. El error consistió en no prohibirle la serpiente...pues entonces se la habría comido". De hecho Mark Twain escribió una de sus obras más divertidas basándose en el tema de la creación, su Diario de Adán y Eva es un escrito elaborado en forma de dietario donde el ingenio humorístico fluye con total precisión. Marina cita a Bajtin diciendo que "La parodia desmonta los ritos y las imágenes monoestilísticas de cuanto se convierte en estático y se erige en autoridad" y es que la parodia sobre la creación de Twain es ciertamente liberadora de creencias.
A veces su sentido del humor se convierte en comentario chistoso, como cuando afirma que "Dejar el vicio de fumar es la cosa más fácil del mundo. Lo digo con experiencia, porque yo lo he dejado mil veces". La levedad, es decir la ausencia de gravedad que proporciona el comentario jocoso pertenece a ese reino del ingenio que tanto frecuenta Twain. Pero también sabe navegar en los mares de la sátira, la burla y en ocasiones el sarcasmo, como cuando ataca a Webster, causante de su ruina editorial: "Webster era un buen agente general, pero no sabía nada de publicaciones y se mostraba incapaz de aprender nada sobre ello. Con el paso del tiempo me di cuenta de que se había comprometido a resucitar la Vida de Cristo de Henry Ward Beecher. Yo le sugerí que debería haberla intentado con la de Lázaro, porque ya se intentó una vez y todos sabíamos que se podía hacer".
Yo, que siempre he sido proclive a sentir admiración por los ingeniosos, reconozco en Mark Twain a uno de los grandes y leo atento su inteligente verbo, gozando en silencio con sus talentosos juegos.

domingo, 21 de marzo de 2010

Mark Twain: Vida y literatura

Thomas A. Edison dejó escrito que "un norteamericano ama a su familia. Si le queda algo de amor para otra persona, generalmente elige a Mark Twain". Hemingway afirmaba que buena parte de la literatura norteamericana del siglo XX provenía de las creaciones más populares de Twain.
Imagino que cualquier norteamericano medio sigue considerando a Mark Twain como uno de sus escritores de referencia o al menos alguna de sus obras pertenece al catálogo de favoritas. Para mí, Mark Twain es el escritor que mejor supo evocar esa infancia mezclada con aventura, descubrimiento y amistad, el autor del paraíso perdido.
La lectura de su autobiografía nos descubre como el amor por su tierra y sus gentes y la intensa recuperación de sus recuerdos infantiles originaron las que se consideran sus obras maestras, aquellas que se desarrollaban a orillas del Mississippi. El pueblo de Hannibal y sus gentes, donde vivió el joven Samuel Langhorne Clemens, fue la fuente principal de inspiración para sus memorables historias..
En la figura de Tom Sawyer atisbamos con claridad al mismo Mark Twain, a tenor de las travesuras que va desgranando en su libro autobiográfico.
Nuestro autor, como el célebre Tom, también frecuentaba los lugares prohibidos "porque eramos muchachitos cristianos y habíamos sido instruidos muy temprano en el valor del fruto prohibido". Twain que siempre estuvo cerca de la población negra en su infancia y juventud, sentía especial aprecio y simpatía por ellos en una época y lugar difíciles para tales aproximaciones. Llega a afirmar que existía una amistad y camaradería con la gente de color e incluso agradece al tio Dan'l la inspiración para su Jim, compañero fiel de Huck en el descenso por el Mississipi.
Su hermano Henry era Sid en Las aventuras de Tom Sawyer, "Pero Sid no era Henry. Henry era mucho mejor muchacho que lo que nunca fue Sid". Y con su hermano estaba su cariñosa madre que venía a ejercer de tía Polly. Ambos dieron a Mark Twain una gran cantidad de jugosas historias que luego él sabría plasmar tan bien; el muchacho real recibía los mismos castigos que el Tom ficticio y así por ejemplo nos cuenta que tras un injustificado castigo en forma de pescozón y habiéndole hecho ver a su madre que había sido Henry esta vez el causante del estropicio ocasionado, su madre contestó a la manera de tía Polly :"De acuerdo; da lo mismo. Tú mereces eso por algo que vas a hacer y de lo que yo no me voy a enterar".
Otros lugares como la famosa cueva o el personaje del indio Joe también aparecen como parte de su biografía, pero para mí es la figura de Huck, probablemente por ser el más entrañable y querido de sus personajes, la realidad que más sorprende. Siempre fuimos capaces de imaginarnos qué podía haber sido de Tom Sawyer, pero nunca quisimos saber qué fue de Huckleberry Finn, porque siempre nos lo imaginamos en la perenne arcadia de la infancia y la juventud. Por suerte Twain nos lo muestra como siempre hubiéramos deseado verle: "En Huckleberry Finn he dibujado a Tom Blankenship exactamente como era: ignorante, sucio, mal alimentado; pero tenía el mejor corazón que muchacho alguno haya tenido jamás. Su libertad carecía de cualquier restricción.Él era la única persona realmente independiente, hombre o muchacho, de la comunidad y, como consecuencia, estaba tranquila y continuamente feliz y era enormemente envidiado por el resto de nosotros. Nos gustaba; disfrutábamos de su compañía. Y como nuestros padres nos prohibían su compañía, la prohibición triplicaba y cuadruplicaba su valor y, por eso mismo, buscábamos y sacábamos más de su compañía que de la de cualquier otro muchacho. Oí, hace cuatro años, que es juez de paz en una remota aldea de Montana y que era un buen ciudadano y enormemente respetado".
Si la felicidad de nuestra juventud ha sido descrita, Mark Twain ha sido el que más páginas ha llenado. Hemos navegado por las aguas de su memoria en la grata compañía de sus memorables personajes, estereotipos de la libertad para siempre recordada.
Las fotografías que acompañan a este texto pretenden ser una especie de álbum fotográfico de recuerdos de Mark Twain y por tanto nuestros también. La primera es Mark Twain a los 15 años, le siguen la colina de Hannibal donde jugaban Mark y sus amigos y la valla de su casa que sirvió de modelo para el episodio narrado en Las aventuras de Tom Sawyer. Después viene el retrato de su madre, la cueva de Hannibal, la casa de Tom Blankenship y uno de los grandes barcos de palas que surcaban el río.