Los territorios montañosos que
quedaban al noroeste del Imperio Británico de la India, una vez traspasado el
legendario paso de Khaiber, eran conocidos como Kafiristán o “tierra de los
infieles” porque, a finales del siglo XIX, el emir afgano Abderrahman había
proclamado que todas las tribus de ese enorme país debían ser musulmanas, pero
los kafires se habían negado a deshacerse de sus viejas costumbres. Por
aquellas míticas e ignotas tierras, el gran Alejandro Magno pasó con su
ejército grecomacedonio extendiendo su vasto imperio y es por ello que, según
la leyenda, los habitantes de aquel lugar se consideran descendientes de las
guarniciones que allí quedaron. De ahí los rasgos de piel clara y cabellos
rubios que conservan todavía en el pueblo de los kalash y ese culto solar que
se remonta a las épocas de Iskander Kebir, o dicho de otro modo de Alejandro
Magno.
Hace ya unos cuantos años tuve la
ocasión de leer en una vieja edición que contenía varios relatos de Rudyard
Kipling uno titulado El rey de Kafiristán,
que más adelante he tenido la oportunidad de releer con el nombre del El hombre que pudo reinar. Esta larga
narración es una de las historias más memorables de su autor y por tanto de la
literatura, en el que Kipling se hizo eco de esa pasión desaforada por explorar
y descubrir lugares inhóspitos donde el hombre occidental casi nunca se había
aventurado. De hecho, parece ser que los personajes de su historia están
basados en un caso real, el norteamericano Josiah Harlan, masón como Kipling y
como los protagonistas, que a mediados del siglo XIX se internó en ese olvidado
lugar, llegando a alcanzar el título de príncipe de Ghor y encabezando un
ejército de 2600 soldados, 2000 caballos y 400 camellos con los cuales consiguió
cruzar las indómitas cumbres del Hindu Kush.
Y es que el misterio de esas tierras
que subyugó a tantos europeos, supo recogerlo Kipling en tan impecable relato.
Algún enigmático secreto que iba más allá de la simple búsqueda de tesoros,
parecía rodear la infranqueable barrera de cadenas montañosas y el mismo autor
en su historia mostraba que ni siquiera el pozo de saber que significaba en
aquella época la
Enciclopedia Británica,
era capaz de arrojar alguna luz sobre el territorio. Pero este es un buen
comienzo para una gran aventura, la de dos pícaros de nombre Danny Dravot y
Peachey Carnehan que deciden adentrarse en un país secreto con la sola
intuición de que su sueño de riquezas y poder se hará realidad al alejarse de
su identidad occidental que los desprecia por anárquicos, rufianes y
trotamundos. La posibilidad de convertirse en reyes y dioses parecía todavía
real en aquella época.
El relato de Kipling es una auténtica
aventura que avanza con la maestría que solo él sabía aplicar, en la que el
mismo autor ejerce de protagonista indirecto de una narración que presenta en
su primera mitad a los protagonistas de la historia desde la perspectiva de
Kipling, para pasar a ser en su segunda mitad un relato de las aventuras
pasadas por los dos pícaros en la voz de Peachey Carnehan. Este cambio de voz
narrativa es uno de los grandes aciertos del autor porque da el enfoque desde
fuera y desde dentro y además dota a cada narrador de un tipo de voz diferente.
La historia que nos cuenta el Kipling protagonista está narrada por un
periodista (como lo era el propio autor en una época de su vida) y nos sirve
para describir a los otros dos personajes y situar los ejes de la historia,
mientras que la narración de Carnehan, intercalada por las apreciaciones y
preguntas del mismo Kipling protagonista, nos relata lo acontecido desde la
perspectiva de una persona trastornada por los acontecimientos, utilizando para
ello constantes cambios verbales que simbolizan la incoherencia de una persona
que ha sufrido, pero que mantiene su fidelidad hacia el amigo perdido; porque
en el fondo es una historia de amistad profunda que solo se altera cuando uno
de los dos protagonistas, embriagado por el afán de poder, cree haber
encontrado su destino más allá de la simple adquisición de riquezas. Pero
también es una novela picaresca moderna donde dos entrañables fanfarrones
alcanzan aquello que ni siquiera el poderoso ejército de Alejandro pudo
mantener. Kipling logra que nos situemos a su lado y escuchemos las increíbles
aventuras de estos dos pillos desde la evocación de una inquebrantable amistad.
Y esta soberbia historia pasó al
cinematógrafo de la mano de John Huston.
Probablemente la última gran película de aventuras clásica que toma el
relato al pie de la letra y alarga aquello que Kipling había sugerido tan
bellamente. Aún así la película contiene la suficiente dosis aventurera como para
sentir que el relato está enteramente contenido ahí. Quizás la baza más
importante es la impresionante actuación de Michael Caine y Sean Connery, que
saben desmarcarse del registro naturalista y actuar desde la mítica de aquellos
clásicos perdidos para siempre, confiriendo a sus personajes la justa dosis de
autenticidad que corresponde a dos pícaros de la literatura. Mientras el relato
sigue una línea cronológica, en la película se nos muestra como un gran flash-back
en el que un derrotado Carnehan cuenta toda la historia. La historia narrada
por Huston confiere casi toda su importancia al relato de la aventuras en
Kafiristán, mientras Kipling había sabido contrapesar ambas historias.
Todos los relatos de Kipling son una aventura constante. Lo he leído poco pero, ay, qué bien lo he pasado con alguna adaptación cinematográfica. Me gusta esa forma de concebir la literatura, aunque a muchos ahora les suene pasada de moda.
ResponderEliminarTe leo poco últimamente. No sé si no me entero cuando pones algo o es que pones poco. Una abraçada, en cualquier caso.
Pues los relatos de Kipling son una gozada casi todos y además escritos por una persona que dominaba la lengua como pocos.
ResponderEliminarNo te preocupes Ramon, escribo poco y ya no me paso tanto por los blogs. No sé si llega la pereza y el cansancio pero debo reactivarme.
Un abrazo.
P.D. Como eres un tipo activo y combativo (aunque no sea el lugar adecuado), te envío la dirección de un colectivo, por si no lo conoces, que dice las cosas claras en economía y sociedad a través de sus programas de radio y que debería estar más difundido.
http://www.colectivoburbuja.org/
Lo escribes como si la aventura, realmente, radicase en leer el libro.
ResponderEliminarDebería contrarte el Ministerio, o quien fuese, para transmitir pasión por la lectura. Qué bien me lo he pasado leyéndote.
Bueno Hablador, es que leer este relato es una auténtica aventura. Yo también me lo paso bien hablando sobre libros y si encima os entran ganas pues tanto mejor.
EliminarCoincido en tu admiración por Kipling. No hace mucho leí la antología que publicó Acantilado, y la verdad es que era un narrador extraordinario. Relatos como el que nos traes son de los que enamoran a cualquiera con la literatura, y la película de Huston, con el cine.
ResponderEliminarEntre Alejandro Magno y sus huestes hasta Los Jinetes, de Joseph Kessel, esa zona del planeta ha dado lugar a historias absolutamente inolvidables.
Un abrazo.
La antología de Acantilado es una auténtica maravilla que cualquier buen lector debería haber leído alguna vez. A nadie se le hubiera ocurrido ponerle como título a un relato "El mejor relato del mundo" y no cumplirlo. Vuelvo a reivindicar a Kipling por encima de tanto mediocre.
ResponderEliminarLa película de Huston me parece la última gran aventura filmada y aunque se lo debe casi todo al relato, no deja de ser una excelente puesta en escena de la historia (a pesar de los zooms tan habituales de la época).
Un abrazo.
Me compadezco de esos doscientos soldados que no pudieron optar ni a caballo ni a camello en la travesía.
ResponderEliminarMuy buenas recomendaciones y muy bien recomendadas.
Abrazo.
Bueno Jose, no puse que también había un elefante. De ese sí que me compadezco, porque no creo que sea un animal de escalada (aunque parece que en la sabana africana tampoco tienen mucha suerte).
EliminarUn abrazo.
Mira que te gusta Kipling....
ResponderEliminarMiar que me gusta a mi también....
Este relato fue uno de los primeros que lei de Kipling (solo recuerdo haber leído antes "El libro de la Selva") y lo disfruté como una auténtico enano (lo que era entonces, por otra parte). En muchos sentidos el componente aventurero de este libro me pareció mucho mayor que el de "El libro de la selva", que mira que me gustó, pero no se, creo que nunca me llegué a poner totalmente del lado de Mowgli. En cambio dos caraduras a caballo y al cargo de un ejército. Y además con la promesa de que pueden ser reyes... No podía fallar. ME ha encantado leerte. No sabía que estaba fundamentado en un personaje real y tampoco que se había publicado aquí antes con otro nombre.
Me lo he pasado leyéndote casi tan bien como con Kipling...
Saludos.
Bueno "El libro de la selva" es muy grande también, pero tengo especial aprecio por los cuentos de Kipling entre los que se encuentran algunos de mis preferidos de siempre. Ya lo dije en otra entrada dedicada a él y lo confirmo: según Borges, Kipling era de los pocos que escribía con todo el diccionario. Es difícil condensar tanta aventura en tan pocas palabras y además conseguir hacernos simpáticos a estos dos pícaros con buenos golpes de pluma.
EliminarUn abrazo Oscar.
Carlos querido... Algunas cosas ya han aparecido por aquí, de los dilectos... Y sí, Kipling medinate... Ya te cuento. Estoy leyendo la biografía de Terenci Moix por Juan Bonila... ¡Contaminación! En cualquier caso.... Abrazos!
ResponderEliminarAna, no me puedo cansar de recomendarlo porque siempre ha sido uno de los que mejor me han acompañado. Todavía me queda mucho por leer de él y seguiré dando la lata. Ya nos contarás de tus lecturas.
EliminarUn abrazo.
"El libro de la selva" fue una de mis primeras lecturas. Aún conservo ese libro, por cierto, con sello de la biblioteca del instituto donde mi padre era profesor. Se le olvidó devolverlo.
ResponderEliminarMis posteriores lecturas ya fueron las editadas en la Babel: "La casa de los deseos", "Una guerra de sahibs", "Una madonna de las trincheras", "El ojo de Alá" y "El jardinero".
No he leído "El hombre..." pero sí he visto la película unas cuantas veces y lo seguiré haciendo. Ahora tú me has despertado la curiosidad que me ha faltado hasta ahora para ir de la película a la novela. Pienso colocarla en mi biblioteca virgen a la espera de hincarle el diente.
Un abrazo, profe.
Maestro, si te apetece leer este relato largo que estoy seguro de que no te defraudará, hazlo con el libro editado por Acantilado. Allí puedes descubrir algunas historias maravillosas de Kipling, como las que has citado, pero también algunas como "El mejor relato del mundo", "La extraña cabalgada de Morrowbie Jukes", "Los constructores de puentes", "Bee bee ovejita negra" y tantos otros. De hecho es una de las mejores antologías que me ha sido dado leer (a la par con la de Buzzati y alguna otra más).
ResponderEliminarUn abrazo maestro y pronto traeré algo para tí dedicado.
Ya se lo he encargado a mi librero.
ResponderEliminarPermaneceré atento a la pantalla, como siempre.
Otro abrazo, profe.
Es que el jovencísimo Moix (que iba del cine a la literatura)descubrió a kipling a partir de esta película que glosas. Un abrazo!
ResponderEliminarHola Carlos.
ResponderEliminarComo no puedo contactar contigo de otra manera, tengo que hacerte una pregunta acerca de "La mandrágora" de Hanns Heinz Ewers. ¡Qué tal?.
Muchísimas gracias.
Ester
Lo siento Ester pero no he leído esta "La mandrágora" aunque le tengo ganas por alguna recomendación.
ResponderEliminar